Volver al blog
Psicoterapia

¿Por qué cada persona vive el sufrimiento de manera diferente?

13 de mayo de 2026
4 min de lectura
133 vistas
L

Luisa Vasco

Psicólogo profesional

Artículo: ¿Por qué cada persona vive el sufrimiento de manera diferente? - No todas las personas sufren de la misma manera, ni siquiera cuando reciben el mismo diagnóstico. La

No todas las personas sufren de la misma manera, ni siquiera cuando reciben el mismo diagnóstico. La forma en que alguien nombra su malestar puede revelar aspectos fundamentales de su historia y convertirse en una guía para comprender el sentido singular del síntoma.

Cuando una persona consulta por primera vez, suele llegar con un diagnóstico o con una explicación ya preparada: "tengo ansiedad", "estoy deprimido", "tengo problemas con mi pareja" o "sufro de ataques de pánico". Son nombres que ayudan a ordenar la experiencia y a comunicar algo del malestar. Sin embargo, en psicoterapia suele ser más importante la manera en que esa persona habla de lo que le ocurre que el diagnóstico mismo. Aunque dos personas compartan una misma etiqueta diagnóstica, rara vez describen su sufrimiento de la misma manera. Algunas hablan de "un vacío en el pecho"; otras sienten "un nudo en la garganta", "una presión que me aplasta", "una bomba que está a punto de explotar" o dicen que "el corazón se me quiere salir". Incluso hay quienes relatan que sienten que se ahogan y otros aseguran que, durante unos minutos, tienen la impresión de desaparecer o dejar de existir. Podría pensarse que todas estas expresiones son simplemente distintas maneras de describir un mismo fenómeno. Sin embargo, desde una perspectiva clínica, esas diferencias nunca constituyen un detalle menor, porque la forma en que una persona nombra su sufrimiento también forma parte de él. Las palabras no son un simple envoltorio de la experiencia. Le dan forma, la organizan y permiten que aquello que resulta difícil de comprender encuentre, al menos parcialmente, un lugar desde donde ser dicho. Escuchar cómo alguien habla de su malestar suele ser tan importante como escuchar aquello que dice sentir, porque el sufrimiento no solo se expresa mediante los síntomas corporales visibles, sino también a través de los sueños, los olvidos, los lapsus, las asociaciones espontáneas y los pequeños equívocos del lenguaje. El inconsciente no habla únicamente mediante el cuerpo; también se manifiesta en las palabras. En ocasiones ocurre algo todavía más llamativo: ninguna palabra parece suficiente para nombrar lo que la persona está viviendo y termina inventando una nueva. Ese neologismo, lejos de ser una curiosidad lingüística, puede contener una parte esencial de la lógica del síntoma. En él suelen condensarse recuerdos, pérdidas, vínculos, deseos y conflictos que todavía no han encontrado otra forma de elaborarse. El lenguaje cotidiano ofrece numerosos ejemplos de esta estrecha relación entre las palabras y el cuerpo. Basta pensar en el doble uso (sentido) que solemos hacer del verbo "digerir", por un lado para hablar de los alimentos, pero por otro también afirmamos que alguien "no logra digerir una pérdida", "no puede tragar una humillación", "se le hace un nudo en la garganta" o "todavía no asimila lo ocurrido". Sin advertirlo, recurrimos constantemente al cuerpo para nombrar experiencias profundamente subjetivas. Quizá no sea una simple casualidad. El cuerpo humano nunca es solamente un organismo biológico; también es un cuerpo atravesado por la historia, el lenguaje y las marcas que dejan los vínculos desde los primeros años de vida. Por eso, cuando una experiencia no encuentra una forma de ser elaborada psíquicamente, puede terminar buscando otros caminos de expresión. En algunas personas aparece el insomnio; en otras, dolores persistentes, alteraciones digestivas, dificultades para alimentarse, ataques de pánico u otros síntomas corporales. Esto no significa que exista una traducción automática entre un conflicto emocional y un síntoma físico, ni mucho menos que todo síntoma tenga un único significado oculto esperando ser descubierto. Lo que sí puede afirmarse es que entre la historia de una persona y la manera en que sufre existe una lógica singular que no puede encontrarse en los manuales diagnósticos ni en interpretaciones universales. Esa lógica solo puede construirse escuchando atentamente aquello que cada sujeto dice... y, sobre todo, la manera en que lo dice. Por esa razón, el trabajo clínico no consiste en interpretar apresuradamente el significado de un síntoma. Sería un error afirmar que todas las depresiones expresan lo mismo o que detrás de cada dificultad para comer existe una explicación universal. Comprender un síntoma exige renunciar a las respuestas prefabricadas para dar lugar a la singularidad de cada historia. Quizá esa sea una de las tareas más importantes de la psicoterapia: ofrecer un espacio donde las palabras dejen de ser un simple medio para describir el sufrimiento y comiencen a convertirse en una vía para comprenderlo. Porque, a veces, el primer paso para aliviar un síntoma no consiste en encontrar la explicación correcta, sino en descubrir que aquello que parecía imposible de decir puede, finalmente, empezar a ponerse en palabras.

¿Te resultó útil este artículo?

Agenda una cita con el profesional que escribió este artículo.

Ver más artículos