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Psicoterapia

¿Qué hay detrás de un ataque de pánico?

6 de mayo de 2026
4 min de lectura
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Steven Cardona

Psicólogo profesional

Artículo: ¿Qué hay detrás de un ataque de pánico? - Un ataque de pánico no solo irrumpe en el cuerpo; también puede señalar un momento de cambio en la v

Un ataque de pánico no solo irrumpe en el cuerpo; también puede señalar un momento de cambio en la vida. Este artículo explora cómo la psicología comprende el síntoma más allá de la ansiedad y por qué escuchar su historia puede ser parte fundamental del tratamiento.

Quien ha vivido alguna vez un ataque de pánico conoce esa irrupción súbita de angustia en la que el cuerpo parece escapar de todo control: el corazón se acelera, la respiración se vuelve insuficiente y aparece la sensación de asfixia, de un desmayo inminente o incluso de una muerte que parece cuestión de minutos. La realidad cotidiana se desvanece y solo permanece una certeza angustiante: algo terrible está por ocurrir. Pero ¿qué es, realmente, lo que hay detrás de un ataque de pánico? No es casual que muchos ataques de pánico aparezcan durante la adolescencia o en otros momentos de transición. La adolescencia no supone únicamente cambios corporales; representa, sobre todo, una profunda reorganización subjetiva. El joven deja de ocupar el lugar de niño dentro de la familia y comienza a enfrentarse a preguntas para las que nadie puede ofrecer respuestas definitivas: quién quiere llegar a ser, cómo desea vivir su sexualidad, qué lugar ocupará entre sus pares o qué distancia podrá tomar respecto de quienes, hasta entonces, habían organizado su mundo. Crecer implica desprenderse, poco a poco, de las certezas que ofrecía la infancia para construir una posición propia frente al deseo y frente a la vida. No solo se trata de dejar de querer a los padres, sino de dejar de ocupar exclusivamente el lugar de hijo. Entonces, ese movimiento nunca ocurre sin pérdidas puesto que toda elección obliga a renunciar a otras posibilidades y toda transformación importante introduce una cuota inevitable de incertidumbre. En algunos casos, esa incertidumbre encuentra una vía de expresión en el cuerpo, no porque el cuerpo esté enfermo, sino porque el psiquismo todavía no dispone de palabras suficientes para elaborar aquello que está cambiando. A diferencia del miedo, que suele dirigirse hacia un peligro identificable, la angustia que se manifiesta en un ataque de pánico aparece cuando algo fundamental en la posición del sujeto comienza a modificarse. Por eso, reducir el ataque de pánico a un simple exceso de ansiedad puede resultar insuficiente. Tan importante como aliviar el episodio es preguntarse por qué ese sufrimiento surgió precisamente en ese momento de la vida y qué transformación vino a señalar. Desde esta perspectiva, el ataque de pánico deja de ser únicamente un enemigo que debe eliminarse para convertirse en una señal que merece ser escuchada. No porque el sufrimiento sea deseable, sino porque puede indicar un conflicto que todavía no ha encontrado otra forma de expresarse. Sin embargo, esta manera de comprender el síntoma suele quedar relegada porque vivimos en una época que tiende a considerar los síntomas psicológicos como si fueran idénticos en todas las personas y que privilegia las respuestas rápidas frente al malestar. Bajo esa lógica, dos individuos que presentan ataques de pánico tendrían, en esencia, el mismo problema y, por tanto, necesitarían la misma explicación y el mismo tratamiento, pero la experiencia clínica, sin embargo, muestra algo muy distinto. Dos personas pueden describir las mismas palpitaciones y, aun así, estar atravesando conflictos radicalmente diferentes. Para una, el primer ataque aparece tras la muerte de un ser querido; para otra, después del nacimiento de un hijo. Alguien comienza a padecerlo cuando consigue el empleo que siempre había deseado; otro, justamente cuando inicia una relación amorosa estable. Incluso hay quienes desarrollan estos episodios en momentos en los que, aparentemente, todo marcha bien. Entonces ¿Qué tienen en común situaciones tan diferentes? No el acontecimiento en sí, sino la forma singular en que cada sujeto queda confrontado con un cambio que transforma su posición frente a la vida, los vínculos o el deseo. Por eso la psicoterapia no busca convencer a la persona de que "todo está en su cabeza", ni reducir su experiencia a una explicación intelectual. Su apuesta es mucho más sencilla y, al mismo tiempo, mucho más profunda: ofrecer un espacio donde aquello que hoy irrumpe como un fenómeno corporal pueda comenzar, lentamente, a transformarse en palabras. Y ese pasaje no ocurre de un día para otro, requiere tiempo, escucha y la disposición a recorrer una historia que nunca se repite exactamente en otro sujeto. A medida que la persona consigue apropiarse de aquello que antes solo aparecía como un cuerpo desbordado por una angustia incomprensible, el síntoma comienza a perder la necesidad de hablar por ella. Quizá esa sea una de las enseñanzas más importantes del trabajo clínico. El objetivo de un tratamiento no consiste únicamente en hacer desaparecer un síntoma, sino en comprender la función que ese síntoma llegó a cumplir en la historia de quien lo padecía. Solo entonces el sufrimiento deja de presentarse como un enigma impuesto por el cuerpo y puede convertirse en una pregunta que el sujeto comienza, finalmente, a responder con su propia palabra.

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